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Mazda CX-7: SUV con alma de deportivo

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El CX-7 recibe retoques estéticos y agrega equipamiento de confort y seguridad. El motor de 2,5 litros entrega la moderación, mientras que el turbo de 2,3 litros se encarga de las emociones.

Tras cuatro años de presencia del Mazda CX-7 en el mundo, el modelo parece tan vivo como lo estaba cuando lo vimos por primera vez. Sigue siendo un crossover con alma de deportivo, donde el fondo y la forma coinciden en producir un modelo ágil, atractivo y juvenil.

Pero como ahora el mercado está más poblado de modelos que se encaminaron por el mismo rumbo estético que Mazda, al CX-7 le hacía falta una renovación. Por eso ahora el modelo se refresca con retoques de diseño exterior que, no obstante, no son tan fáciles de descubrir a menos que se ponga un ejemplar nuevo junto a otro antiguo.

Estéticamente mantiene esa actitud de coupé elevado combinado con capacidades familiares gracias a sus cinco puertas, aunque con ciertos caracteres renovados como una parrilla rediseñada, con ciertos recuerdos al nuevo Mazda 3, con unos nuevos parachoques en ambos extremos con aspecto más juvenil o con unas nuevas llantas.

En cuestión de medidas, permanece invariable con sus 4,68 metros de longitud, 1,87 de anchura y 1,65 de altura junto a una distancia entre ejes de 2,75 metros.

Al volante

Probamos en esta ocasión las dos versiones disponibles en Chile, la GT movida por un motor turbo de 2,3 litros y la dotada con un nuevo motor atmosférico de 2,5 litros, que es la versión de entrada.

La primera de estas es claramente la más divertida. Es un motor de empleo muy suave a pesar de sus buenos 244 caballos, ya que el conductor no siente esos saltos de aceleración que derivan de la activación del turbo.

No obstante, dependiendo de las ambiciones del piloto, la respuesta del modelo puede ser bastante feroz. Además, en curvas, la asistencia del control de estabilidad y de unos buenos neumáticos de perfil bajo y 19 pulgadas entregan una agradable sensación de seguridad y aplomo. En calles accidentadas, sin embargo, estos últimos generan un traqueteo ligeramente incómodo.

El rendimiento de combustible no es muy espectacular. De acuerdo con el computador de viaje, en un recorrido mixto con preponderancia de autopista, fue de algo más de 9 km/l.

La visibilidad hacia atrás es un problema por causa de la pequeña luneta posterior. Por eso es imprescindible la cámara de retroceso que se incorpora ahora y cuya imagen aparece en un nuevo conjunto de instrumentos y pantallas en el interior del modelo.

Sin ir más lejos, el interior es lo que más cambia en el CX-7 2010. Parece que se trabajó en la insonorización, ya que el modelo es notable en ese aspecto. De igual forma, los materiales mejoraron de calidad.

También el volante tiene un diseño nuevo, pues ahora es casi idéntico al que tiene el CX-9.

La habitabilidad no fue alterada y sigue siendo adecuadísima para 5 personas.

Sólo la versión GT cuenta con tracción a las cuatro ruedas, aunque es del tipo no permanente, que juega con el par transmitido a cada eje, partiendo de una situación estándar de 100% de par al eje delantero. La máxima distribución hacia el tren trasero se produce en ocasiones de pérdida de adherencia, en cuyo caso la mitad del par motor va a cada eje.

Como el sistema es automático y no hay posibilidad de bloqueo de ejes ni reductora, queda claro que el CX-7 sigue siendo un auto para ambientes civilizados.

Versión 2,5

La versión de 2,5 litros absorbe los mismos cambios estéticos externos de la versión GT, mientras que en el interior las diferencias están en el equipamiento y el empleo de materiales más sencillos.

El motor de 2,5 litros tiene 162 caballos y 228 Nm de torque máximo. Obvio, no es tan ágil como el GT, pero aun así entrega un comportamiento digno.

Mejor que eso es que las dos versiones del CX-7 tienen el mismo paquete de sistemas de seguridad activa y pasiva, que incluye control de estabilidad electrónica y media docena de airbags.

De esta forma, los $5 millones que separan a ambas variantes sólo se refieren a los ítemes de deportividad y equipamiento de lujo, con la excepto la cámara de retroceso, que la verdad se echa de menos en la variante de menor precio.

Fuente: El Mercurio

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